lunes 12 de diciembre de 2011

Arrastrando

Cada vez, que hacemos un vinculo con alguien, con algún ajeno a nuestro intimo ser, algún casual que se forma poco a poco con la sutil rutina, o algún deseado que toma mucho tiempo en realizarse y que se va tejiendo con infinita paciencia, o incluso algún intenso que se siente profundamente desde el pecho hasta le fondo del estomago, cada vez que hacemos un vínculo se forma un pequeño apéndice invisible fuera de nosotros.

Cada uno de estos apéndices tiene la característica de estar mitad dentro y mitad fuera de nosotros. La mitad externa es la mitad del peso, es la parte fuerte, la parte intensa, la parte que atrae y la parte que complementa. La parte que complementa con aquello que nos sobra, risas, palabras, roces, lo que al receptor del vinculo le falta, aquello nuestro que lo complementa, pues la otra mitad de nuestro apéndice, la parte interna, es siempre una parte hueca dentro de nosotros, un pequeño espacio que se va llenando con el externo de alguien mas.

Cada lado de este apéndice cumple una función diferente, el lado hueco nos recuerda que el pasado fue real, que las cicatrices de la piel no son solo fantasías, que las palabras existieron y que los sueños solo sueños son. El lado pesado es el mas difícil pues remarca la ausencia, ante todo, de ser valorados, de ser complementarios, de ser únicos.

El hueco siempre existe, desde antes de llamarse apéndice, sin embargo el externo se arrastra para siempre.